EL BRILLO DE SUS OJOS

Sonia y Lalo llevaban ya cinco horas caminando durante la mañana de sábado y estaban cansados. Pero ambos llevaban una sonrisa de oreja a oreja, había merecido la pena. La ruta senderista que estaban acabando en ese momento, había sido preciosa. Puentes colgantes, desfiladeros, una gran pinada… Todo lo que no tenían en la ciudad y de lo que parecía que se habían olvidado.

Lalo abrió la puerta de su cabaña. Le dolían hasta las pestañas, pero estaba radiante. Era la primera vez en más de dos años que los dos se iban solos de fin de semana. Con los niños y su trabajo, no habían podido. Y en realidad, realmente tampoco habían querido.

Su trabajo como directivo de una multinacional conservera le absorbía mucho tiempo, incluso cuando no estaba físicamente en él. Sonia se lo había dicho hacía tiempo, que ya no era el mismo, que tenía que ponerle freno a eso. Pero él nunca la escuchaba, no tenía tiempo. Siempre tenía alguna reunión, algún informe en el que pensar. Ganaba mucho más que ella en su trabajo como dependienta de floristería, gracias a él vivían holgadamente, ¿es que no era eso suficiente para ella? Llegado cierto punto, ella dejó de insistirle.

Mientras dejaba su mochila en el sofá de la cabaña, recordaba como hacía un mes solamente que había salido del hospital, tras recuperarse bien de un pequeño ictus. Los médicos no encontraron ninguna razón que no fuese el estrés para explicarlo. Ese hecho fue el que hizo que cambiase su forma de afrontar la vida y, por fin, escuchar a su mujer.

—¿Nos cambiamos y vamos a comer? —le preguntó él a Sonia, que estaba en el cuarto de baño con la puerta entreabierta. Ella le contestó afirmativamente mientras se metía en la ducha.

La comida les encantó. El restaurante del complejo rural donde habían alquilado la cabaña era bastante bueno, y los dos acabaron encantados. La conversación entre ellos fue bastante agradable, con carcajadas incluidas. Lalo no recordaba cuanto tiempo hacía que no pasaba un rato así con su esposa. Joder, era como una de sus primeras citas otra vez. ¿Qué había estado haciendo en los últimos años? Estaba decidido a recuperar el tiempo perdido. Después de la comida, tras una breve llamada a los padres de Lalo para ver cómo estaban los niños, durmieron una buena siesta para recuperarse de la paliza de por la mañana.

La cabaña tenía una ventana en el techo. Tenía el estor levantado, por lo que se veía el cielo. Se les había ido la mano con la siesta y al estar en invierno y anochecer pronto, ya se veía un hermoso cielo estrellado. Sonia se acercó a su marido y éste la rodeó con sus brazos. Antes de la escapada tenía sus dudas, pero era el padre de sus hijos y había decidido darle una oportunidad. Llevaban solamente un día fuera, pero ya estaba sintiendo que todo volvía a merecer la pena.

—Te quiero —le dijo Lalo en ese momento. Había pasado mucho tiempo desde que uno de los dos le decía eso al otro.

Sonia lo miró y vio en los ojos de su marido el brillo y las ganas que la habían conquistado años atrás. Mientras le sonreía lo tuvo claro. En cuanto volvieran a casa, cortaría su relación con Sergio de raíz.

—Yo también a ti. 

Ilustración del microrrelato “El brillo de sus ojos”, una historia sobre segundas oportunidades y reencuentro amoroso.
«En cuanto volvieran a casa, cortaría su relación con Sergio de raíz»

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