Microrrelato emotivo: «La siesta que se perdió»

LA SIESTA QUE SE PERDIÓ

Pancho dormía plácidamente en el sofá. Cualquiera que lo viese, pensaría sin duda que no tenía ninguna preocupación y normalmente así sería.

Todo era diferente hasta hacía un par de semanas. Luis estaba mucho más rato en casa y tenían mucho más tiempo para los dos. Si bien por las mañanas se iba, normalmente llegaba a casa, comía y se echaban la siesta juntos con toda la tarde por delante. Estaba contento, a menudo se reía él solo incluso y siempre estaba de buen humor. Pero de repente, todo eso cambió.

Un día, Luis dejó de venir a comer a casa. Aparecía bien entrada la tarde, cuando ya había oscurecido. Además, Pancho lo notaba diferente. No le hacía caso y enseguida se enfadaba por cualquier cosa. Pancho recordaba como una noche mientras preparaba la cena, a Luis se le cayó un vaso al suelo, rompiéndose en mil pedazos. Como Pancho no estaba mirando en ese momento, el ruido le asustó un poco. Pero no se atrevió a decir nada, porque Luis pegó un grito maldiciendo, que debieron de oír desde la calle.

—¡Me cago en su puta madre ya!

Luis no era así. Luis era amable, cariñoso, alegre. Le gustaba pasar tiempo en casa. Era una casa muy grande y Pancho sentía que, sin él, no era lo mismo. Y de golpe, todo se fue al garete. ¿Habría hecho Pancho algo que a Luis le molestase y por eso prefería no estar en casa? Si había sido así, Pancho no era consciente de ello y Luis tampoco le había dado a entender nada.

Estaba ya oscureciendo y Luis todavía no había vuelto a casa. Pancho se levantó de su siesta y como tenía hambre, decidió comer algo. Mientras lo hacía, escuchó un ruido de un coche cercano. Se asomó a la ventana justo cuando el ruido cesaba y vio a Luis salir de su coche aparcado en la puerta de la casa. Pancho decidió en ese momento que ya estaba bien. Si Luis había cambiado una vez, podría hacerlo de nuevo y volver a ser como antes. Y para eso Pancho tendría que intentar que así fuese. Sí, lo intentaría. Si había sido culpa suya, lo remediaría.

La puerta se abrió y Luis hizo su entrada en la casa. Como sucedía últimamente, tiró el maletín al suelo medio enfadado nada más entrar, refunfuñando. Pancho lo miraba fijamente.

—¡Sí, estoy cabreado, como todos los días desde que me fui a este puto trabajo nuevo! ¿Qué quieres que haga, joder? —le dijo Luis con una mezcla entre resignación y furia, haciendo aspavientos con los brazos.

Pancho, que no entendió ni una palabra, se acercó y se restregó con sus piernas mientras maullaba, esperando así recuperar a su dueño y que todo volviera a ser como antes.

Ilustración para el microrrelato emotivo narrado desde la mirada de un amigo preocupado, titulado “La siesta que se perdió”.
—¡Sí, estoy cabreado, como todos los días desde que me fui a este puto trabajo nuevo! ¿Qué quieres que haga, joder?

¿Te ha gustado este microrrelato emotivo? Lee aquí otros microrrelatos

Escucha este microrrelato y otros en el podcast de Reflexiones de tinta, en Spotify

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

Otras reflexiones